La parte blanca translúcida del huevo de gallina. En comparación con la yema de huevo, es mucho menos adecuada como aglutinante para la preparación de témperas: Debido a la ausencia de aceites y grasas, tiende a formar una película frágil y a veces sensible al agua. Sin embargo, en la antigüedad se utilizaba como aglutinante para el temple magro (tiene la ventaja de ser incoloro), para las tintas y para diluir la arcilla refractaria en el dorado. También se utilizaba como barniz final, como documentan Cennino Cennini (finales del siglo XIV) y Filippo Baldinucci (1681), entre otros. Se utiliza, entre otras cosas, como aglutinante y adhesivo para el llamado oro de concha (hoja de oro en polvo) y para la capa de polimento o bolo bajo el dorado.